La historia real de Recy Taylor, la mujer afroamericana a la que Oprah homenajeó en su discurso de los Golden Globes a una semana de su muerte – Parte 1

Oprah Winfrey dedicó su premio a la memoria de Recy Taylor (izquierda)

En su inspirado discurso en los Golden Globes, Oprah Winfrey invocó el nombre de una mujer afroamericana que falleció la semana pasada, décadas después de que el horrible secuestro y violación grupal que sufrió a manos de hombres blancos fueran ignorados por la policía.

Recy murió el 29 de Diciembre, con 97 años de edad, 73 años después de que un jurado compuesto totalmente por hombres blancos se negara a procesar a sus seis atacantes –a pesar de su admisión de culpa ante las autoridades. Hasta la fecha, jamás enfrentaron cargos.

En aquél entonces, con sólo 24 años de edad, casada y con una hija, la joven caminaba a casa desde la iglesia acompañada por dos amigas cuando un automóvil con siete hombres se acercó.

Los hombres la secuestraron a punta de pistola y condujeron hasta un claro de pinos, al costado de un camino solitario. Una vez ahí, al menos seis de los adolescentes la obligaron a desvestirse y tomaron turnos para violarla. Una vez que terminaron con ella, la abandonaron con los ojos vendados al costado del camino, a kilómetros de su hogar en Abbeville, Alabama.

“La violaron y abandonaron vendada de los ojos al costado del camino, cuando volvía a casa de la iglesia”, narró Winfrey al público de los Golden Globes en el día en que, curiosamente, habría sido el cumpleaños 98 de Recy. “La amenazaron con matarla si le contaba a alguien”, continuó Winfrey. “Ella vivió, como todas nosotras, demasiados años en una cultura quebrada por los hombres brutalmente poderosos”, añadió.

Frente a una audiencia propuesta a retar el sexismo sistemático y el abuso dentro de su propia industria, el ataque a Recy impactó a la comunidad afroamericana en todo EUA, plantando las semillas para el movimiento que vendría por los Derechos Civiles.

Durante una entrevista en 2010, Taylor declaró que creía que los hombres que la atacaron ya habían fallecido pero que aún esperaba una disculpa de las autoridades.

“Significaría mucho para mí,” dijo. “Las personas que me hicieron esto… ninguno de ellos puede disculparse. La mayoría han muerto.”

Pero para poder vivir más que ellos, primero la hicieron suplicar por su vida. Los agresores la amenazaron de muerte y la forzaron a prometer que no contaría a nadie lo que había pasado.

Pero aún bajo amenaza de ser asesinada si acudía con la policía, Taylor decidió valientemente poner su fe en el Sistema de justicia e identificó a sus atacantes, sin embargo, ninguno fue procesado.

Dos jurados fueron incapaces de procesar a ninguno de sus atacantes, lo que causó indignación en la comunidad negra que luchaba por justicia en un Sistema infectado de racismo institucionalizado. El incidente llamó atención nacional que, en conjunto con amenazas de muerte e incluso un ataque incendiario en su porche, Recy tuvo que mudarse de vuelta a casa de su padre.

Mientras tanto, se difundieron rumores para desprestigiarla, alegando que era prostituta, que la violación había sido consensual y que no era la cristiana devota que aseguraba ser.

Poco después, Rosa Parks apareció en su casa –años antes de la protesta en el autobús que la proyectaría a la historia. En aquél entonces, Parks era miembro e investigadora para la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color (NAACP por sus siglas en inglés). Casi a la par de su llegada, Parks fue visitada por el comisario local Lewey Corbitt, quien la amenazó para que dejara el área.

Sin dejarse intimidar, Parks formó el Comité por Justicia Equitativa para la Sra Recy Taylor de Alabama, lo que comenzó a incitar a las comunidades afroamericanas de todo el país a escribir cartas, exigiendo una investigación adecuada y el juicio del caso. Al lograr encabezados nacionales, la presión ejercida por las campañas de Parks obligó al Gobernador de Alabama, Chauncey Sparks, a ordenar otra investigación del caso.

A pesar de una segunda audiencia el 14 de Febrero de 1945, otro gran jurado compuesto exclusivamente por hombres blancos se negó a procesar a los involucrados: Hugo Wilson, Dillard York, Billy Howerton, Herbert Lovett, Luther Lee –sobrino del comisario Corbitt-, Joe Culpepper y Robert Gamble pudieron escapar a la justicia, bajo la mirada de una nación que ya se encontraba acostumbrada a la injusticia y la supremacía blanca en sus instituciones.

Conforme el movimiento por los Derechos Civiles avanzó –siguiendo las acciones de Rosa Parks que se negó a levantarse en el autobús, y Emmett Till que fue brutalmente asesinado por hablar con una mujer blanca- la odisea de Taylor aún no terminaba.

Aún temiendo por su vida, se mudó a Florida donde se dedicó a la pisca de naranjas. Separada de su esposo, quien murió a principios de los 60, sufrió la peor de las penas cuando su hija murió en un accidente de auto. Sus dos siguientes parejas también murieron y volvió a Abbeville con su familia, pero con la edad, su salud comenzó a declinar.

Seis años antes de su muerte, y 67 años después de convertirse en el centro de una lucha por derechos civiles, el estado de Alabama le presentó a Recy Taylor una disculpa pública por ‘fallar en procesar a sus atacantes’.

Y ahora Winfrey, quien recibió el premio Cecil B DeMille por sus contribuciones al mundo del entretenimiento, volvió la vista del público a Taylor y las injusticias que sufrió.

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