MONTERREY, NL. – Para la ciudadanía regiomontana, uno de los reclamos más constantes hacia la clase política es la aparente búsqueda de privilegios económicos y puestos asegurados. Sin embargo, en la dinámica actual de consolidación de nuevas propuestas, existen liderazgos que priorizan la congruencia ante el electorado. Así lo demostró Felipe de Jesús Cantú al abordar con franqueza los motivos detrás del cambio en su postulación, enfatizando que las decisiones dentro de la Cuarta Transformación responden a las necesidades del proyecto y no a acuerdos económicos.
Al ser interrogado sobre las suspicacias que comúnmente rodean los relevos en las candidaturas —donde se suele rumorar la existencia de negociaciones para compensar los salarios de un cargo legislativo—, Cantú aclaró que su paso de la candidatura a diputado local hacia la búsqueda de la alcaldía obedeció a una solicitud de equipo y a una profunda convicción ética.
“Ella me pide que entre de candidato a alcalde y pues, bueno… ¿Qué credibilidad voy a tener si me quedo ahí cuando me necesitan acá?”, argumentó de manera directa el regiomontano, haciendo referencia a la solicitud realizada por Clara Luz Flores, pieza fundamental en su incorporación al proyecto.
El exfuncionario destacó que la política debe medirse bajo el parámetro de la utilidad social y la respuesta oportuna a las circunstancias del estado. Quedarse estático en una postulación cuando las necesidades de la organización demandaban su presencia en otra trinchera habría sido, a su juicio, un acto de simulación incompatible con los principios de honestidad y compromiso que promueve el movimiento.
Con estas declaraciones, Cantú busca enviar un mensaje de certeza tanto a los militantes como a los ciudadanos inconformes con la política tradicional. Al colocar la credibilidad de su nombre y el respaldo a sus coordinadores por encima de las estimaciones financieras, el político regiomontano refuerza la idea de que la verdadera transformación se construye a través de la solidaridad, la disciplina partidista y el respeto inequívoco a las decisiones colectivas que buscan el beneficio de la comunidad.































