El poder de Nancy Pelosi quien rompe los papeles a Trump

La anécdota inició cuando Donald Trump, a punto de arrancar su discurso del Estado de la Unión, retira el saludo a la presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, dejándola con el brazo suspendido en el aire. Nadie habría esperado de estos dos eternos rivales un atisbo de afectuosidad, pleitesía o acercamiento. El fallido apretón de manos no tenía otra pretensión que la cortesía.

Después viene lo que todos en redes sociales comentaron, Pelosi, unos pasos más atrás del presidente, vestida de blanco y con gesto solemne, recupera el temple y, dando cuenta de que este hombre ha agotado su paciencia y toda condescendencia, rompe el discurso de Trump en varios pedazos. El mundo entero observa cómo esta mujer, casi octogenaria y bregada en la vida, planta cara al poderoso que acaba de ser descortés con ella.

Su desconsideración lo que motiva su reacción, sino el hartazgo ante quien considera que quiere situarse por encima de la ley y de la soberanía del pueblo, según ha declarado a los periodistas. Le exige también que rinda cuentas y aclare si buscó ayuda en Ucrania para obtener de forma sucia información que podría perjudicar a su adversario Joe Biden de cara a las próximas elecciones presidenciales.

El episodio simboliza las dos Américas separadas. «Cada una con sus propias fuentes de noticias, héroes y villanos», relatan los cronistas políticos. Más que nunca cabe aplicar que más sabe el diablo por viejo que por diablo. Trump, con 73 años, y Pelosi, a punto de cumplir 80, conocen el juego político y les gusta jugar arriesgándolo todo, sabiendo que al electorado se le excita más por las impresiones y la cizaña que por la razón.

Ambos dejaron claro que no hay en ellos el mínimo interés por guardar las apariencias. Pelosi, muy alejada del histrionismo de Trump, ha asumido la responsabilidad de responder a sus desmanes y comportamiento tantas veces irrespetuoso. Ahora el debate es si será capaz también de hacer añicos su mandato.

Fue la primera mujer elegida presidenta de la Cámara de Representantes. Su voz en la política americana es poderosa por su experiencia y por su carácter. Su padre, Thomas D’Alessandro, fue diputado y también alcalde de Baltimore entre 1947 y 1959. Está casada desde 1963 con Paul Pelosi, un empresario e inversor con el que ha tenido cinco hijos. Llego tarde a la política, pero con firmeza.

Ni siquiera le arredra la lucha interna que mantiene, con marcado choque generacional, con Alexandria Ocasio Cortez, la mujer más joven en el Congreso, quien le reclama más compromiso, más ecologismo, más gasto público y más feminismo.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here