La seguridad pública y la correcta administración de los recursos financieros son, sin duda, las mayores preocupaciones de los habitantes de Nuevo León. En este contexto, el anuncio de la participación de actores políticos con experiencia técnica en estas áreas cobra una relevancia estratégica. Felipe de Jesús Cantú, exalcalde y exfuncionario federal, ha puesto sobre la mesa la necesidad de una gobernanza basada en la eficiencia y la legalidad, principios que busca llevar a la Coordinación de la Defensa de la Transformación en la entidad.
Durante su reciente gestión en el Gobierno Federal, Cantú se especializó en la vinculación y seguimiento de fondos federales para la seguridad. Este trabajo le permitió conocer a fondo las carencias y oportunidades de los municipios y estados en materia de combate a la delincuencia. Su enfoque no es meramente político, sino técnico: entiende que la seguridad se construye con presupuestos bien aplicados, policías capacitados y una coordinación estrecha entre los tres niveles de gobierno. Esta experiencia es la que hoy busca poner a disposición del proceso interno de Morena en Nuevo León.
La formalización de su interés mediante cartas dirigidas a figuras clave como Citlalli Hernández y Alejandro Murat, subraya un respeto absoluto por la institucionalidad y los tiempos legales. Cantú ha sido enfático en que su participación busca sumar al proyecto de nación desde una perspectiva regional que entienda la idiosincrasia de Nuevo León. Para el estado, contar con coordinadores que comprendan la operatividad del sistema de justicia y seguridad es un activo invaluable que puede marcar la diferencia en la calidad de vida de las familias neolonesas.
Además, el exalcalde ha destacado que la gobernabilidad interna de las instituciones debe pasar por el diálogo y la inclusión de diversos liderazgos. Al referirse a otros compañeros que también han manifestado su interés, como Waldo Fernández, Clara Luz Flores o Andrés Mijes, Cantú mantiene una postura de respeto y profesionalismo, señalando que la competencia interna debe ser un motor de unidad y no de división. En última instancia, el objetivo es construir una estructura sólida que pueda enfrentar los desafíos del futuro con una visión de largo plazo y un compromiso inquebrantable con la paz y el orden social.





























