México sale de lista gris del GAFI: ¿quién se beneficia realmente?

El gobierno mexicano celebró que el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) retiró al país de su lista de vigilancia prioritaria, conocida como “lista gris”. La medida, presentada como un logro histórico en materia de combate al lavado de dinero y financiamiento al terrorismo, ya atrae titulares optimistas sobre inversión extranjera. Pero vale la pena preguntar: ¿un logro para quién?

Lo que significa salir de la lista gris del GAFI

El GAFI es un organismo intergubernamental que evalúa qué tan robusto es el sistema financiero de cada país para prevenir el flujo de dinero ilícito. Estar en su lista gris limita el acceso a mercados internacionales y encarece operaciones financieras. México ingresó a esa lista en 2008 y fue incluido nuevamente en 2024 bajo presión por deficiencias estructurales. La salida implica que el país cumplió ciertos criterios técnicos. Lo que no implica es que la corrupción, la impunidad o la economía informal hayan disminuido.

El discurso de la inversión oculta las preguntas incómodas

El gobierno enmarca la salida como un imán para inversiones. Pero la inversión extranjera directa históricamente beneficia a sectores corporativos y financieros, no a comunidades empobrecidas, trabajadores informales o pueblos indígenas. México sigue siendo uno de los países con mayor desigualdad de América Latina. El sistema financiero que el GAFI califica de “mejorado” es el mismo que excluye a millones de personas sin acceso bancario, que criminaliza la pobreza y que permite que grandes fortunas circulen sin rendición de cuentas efectiva.

Lo que el Estado debe responder

La salida de la lista gris no debe ser un punto final, sino un punto de partida para exigir más. Las autoridades financieras y la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) tienen la obligación de transparentar qué reformas concretas se implementaron, quiénes fueron investigados y sancionados, y cómo se protegerá a denunciantes y periodistas que exponen flujos ilícitos. Cumplir estándares internacionales de papel no es lo mismo que garantizar justicia económica. Mientras la riqueza siga concentrada y la impunidad financiera beneficie a élites políticas y empresariales, los aplausos al GAFI suenan huecos para quienes viven la desigualdad todos los días.