Del mar a tu boca: el plástico ya está en la sal que consumimos

Un estudio realizado por el Departamento de Ingeniería Química de la Universidad de Alicante, en España, ha encontrado un efecto poco apreciado de la contaminación marina: la presencia de partículas de plásticos en la sal que llega a la mesa de los consumidores.

Los investigadores María Íñiguez, Juan Conesa y Andrés Fullana, llegaron a esta conclusión tras analizar muestras obtenidas de las salinas en lugares representativos de las costas españolas: Galicia, Huelva y Cádiz, en el Océano Atlántico; Barcelona, Gerona, Valencia, Murcia y Menorca en el Mar Mediterráneo; y La Palma y Lanzarote, en las Islas Canarias.

La técnica empleada por las salinas costeras consiste en tomar agua del mar, embalsarla en pozos poco profundos y dejar que el sol y el viento hagan su trabajo: el agua se evapora y la sal se cristaliza; posteriormente es recolectada y empaquetada. Esta técnica casi milenaria permite, a su vez, que los fragmentos microscópicos de plástico inmersos en el océano se cuelen a los pozos.

En todas las muestras recolectadas por el equipo español se encontró plástico en distintas concentraciones, que van desde 60 hasta 280 micropartículas por cada kilo de sal; los plásticos encontrados se componen en su mayoría de PET (83.3%), polipropileno como el que se usa en empaques alimenticios (6.7%) y polietileno como el que se usa en las bolsas de basura y supermercados (3.3%) Estos fragmentos, aunque microscópicos (hasta 30 micras), se presentaron de manera constante en las muestras recolectadas.

Estos resultados de los científicos españoles son precedidos por un estudio realizado por científicos de Shanghai, quienes en 2015 detectaron presencias similares –o incluso mayores- en las sales marinas de China.

Esto, señalan los españoles, denuncia una “contaminación de fondo” de la cual no queda exento ningún océano. Se estima que cada segundo se arrojan más de 200 kilos de plástico al océano; de estos, 70% terminan en el fondo marino y con la acción de las mareas y el fondo, comienzan a descomponerse en partículas cada vez más pequeñas, que se disuelven en el agua o son absorbidas por la flora marina, la cual a su vez es ingerida por la fauna, o asimilada a través del agua: una almeja, por ejemplo, puede tener hasta 178 microfibras de plástico, las cuales van directo al estómago de los comensales.

A pesar de que estos estudios se han realizado en salinas de China y España, ambos estudios señalan que las concentraciones deben ser similares en el resto de las costas, y aumentar incluso en aquellos puntos donde convergen las corrientes, como es el caso, por ejemplo, del Golfo de México.

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