La CIDH y el activismo homosexual

La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha emitido una opinión consultiva relativa a los derechos de la comunidad gay, que algunos funcionarios panameños, incluyendo la vicepresidenta, han corrido a expresar su aprobación para que sea válida en Panamá con total desprecio a la opinión de la mayoría de la población y los valores familiares establecidos en nuestro país.

Pero las preguntas lógicas que surgen son: ¿Por qué un grupito minoritario tan pequeño en todo el mundo, estimado por el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU., usando datos del censo de 2013, como el 1.6 % de la población, tiene tanta influencia en la política y la cultura de las sociedades americanas? ¿De qué manera el lobby homosexual, los activistas y los facilitadores desarrollaron tales poderes, con cobertura instantánea en los medios masivos de comunicación, con gran influencia política, y con la capacidad de amedrentar e incorporar a su causa a funcionarios electos y no electos de los distintos Gobiernos de manera tan efectiva?

¿Por qué la disputa sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo es noticia prioritaria en todos los medios, y tema de debates cotidianos interminables y la fuente de múltiples y frecuentes litigios, demandas, marchas, ‘bullying’, etc., en los distintos países, y muchas veces acompañada de proclamas y endosos presidenciales y municipales, que ha transformado la agenda LGBT en una importante causa a nivel mundial con redes enteras dedicadas a su causa?

Hollywood, universidades, academia, políticos, cine, TV, revistas, libros, ensayos, incluso diplomáticos y embajadas, todos han subido al carro LGBT, empujando a otros países para que adopten y enseñen más historia y ejemplos gay.

¿Cómo es posible que un porcentaje tan minúsculo de gente tenga tanto poder y dominio sobre la vida de la población de nuestro continente, cuando grupos minoritarios comparables y mucho más grandes han tenido poca influencia independientemente de sus demandas y protestas? Los indios americanos, por ejemplo, durante siglos han estado luchando por su lugar en la conciencia nacional americana, pero han permanecido invisibles incluso después del genocidio perpetrado contra ellos. ¿Qué tal la causa de los negros, judíos, asiáticos y otros grupos minoritarios cuyo poder político y mediático es minúsculo?

Entonces, ¿qué hay en la causa homosexual que llega al corazón, la mente y la atención de tantas personas influyentes, y ‘legitima’ sus afirmaciones de ‘discriminación’ e igualdad, y que ha ganado también más apoyo que cualquier otra causa social, y que incluso ha convencido a más y más funcionarios gubernamentales, tanto elegidos como no electos, de que la caprichosa y tenebrosa idea de ‘matrimonio’ entre personas del mismo sexo no solo es legal sino moralmente edificante y necesaria?

Pareciera como si todo hoy en día es impuesto por los estándares de ‘políticamente correctos’, que parece importar más en el área de sexo, sexualidad y género. Sin duda alguna, ha sido una campaña de propaganda masiva de promoción, bullying o intimidación e imposición, dirigida a los jóvenes del mundo, promovida en los medios de comunicación y en los círculos políticos y gubernamentales, y enseñada en las escuelas para confundir y lavar el cerebro de niños y adolescentes, y busca además la eliminación de la figura paterna de las familias.

Políticos, el lobby gay y grupos activistas, han gastado miles de millones de dólares haciendo lobby y haciendo campaña en favor de los ‘derechos de los homosexuales’, y donde la votación ha fallado, litigaciones y demandas de grupos legales LGBT han hecho mucho daño tratando de cambiar nuestra cultura, y cualquiera que esté en desacuerdo con su agenda es homofóbico, antigay o intolerante.

Con todo eso, es fácil ver por qué tanta gente piensa que hay un mayor porcentaje de personas que se identifica como lesbianas o gays. De igual forma, los grupos LGBT están lejos de ser una minoría pobre, oprimida y pisoteada. En pocas palabras, es este pequeño grupo de personas, junto con sus aliados liberales, progresistas, marxistas y ateos, quienes impulsan la agenda para redefinir el matrimonio tradicional y la familia, para transformar nuestro punto de vista milenario sobre sexo y sexualidad y derrumbar convicciones teológicas, históricas, legales, morales y leyes establecidas profundamente importantes, para incluir en nuestra Constitución, en nuestros códigos legales, valores cristianos, nuestra fe y la Biblia.

Si los homosexuales quieren ser aceptados por la sociedad, deben ajustarse a las normas, leyes y regulaciones de la sociedad, en lugar de tratar de hacer que la sociedad se ajuste a su estilo de vida.

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