Entre proteger la salud y las economías más debilitadas

Hugo López-Gatell es estos días, con permiso del presidente, la persona más solicitada de México. El subsecretario de Salud, investigador y epidemiólogo, es la voz del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador en la lucha contra el coronavirus.

Antes, participó en el equipo que atendió la crisis por la influenza H1N1 en 2009, durante la Administración de Felipe Calderón. Durante la entrevista, celebrada en el Palacio Nacional el miércoles por la noche, tras su conferencia diaria para informar de los avances del coronavirus, el científico reconoce que no se imponen restricciones más drásticas para no lastimar el pobre tejido social de muchas familias que viven al día.

Es sobre todo la economía de un país con la mitad de su población sumida en la pobreza, la que está gobernando la lucha contra el coronavirus.

López-Gatell (Ciudad de México, 1969) avanza, al poco de sentarse, que no tiene prisa y que tratará todos los temas. Para responder algunos temas se toma cerca de 10 minutos.

Cuando queda algún dato en el aire y para disipar cualquier cuestionamiento sobre la opacidad del Gobierno, llama al director general de Epidemiología, José Luis Alomía, para que aporte todos los datos.

López-Gatell reta a la OMS a que demuestre la eficacia de efectuar pruebas masivas en busca del virus. También cuestiona a los Gobiernos que cierran sus fronteras. A pesar de todo, admite que están a la compra de miles de test y de ventiladores mecánicos. No sabe si llegarán a tiempo.

Habiendo transmitido la sensación de que la gente no está tomándose en serio el “quédate en casa”. ¿Por qué entonces no se toman medidas más drásticas?

La razón es muy trascendente: proteger a la sociedad. Por las medidas de mitigación, de control epidémico, sabemos que hay que pagar un costo social, económico. Eso puede ocurrir en cualquier país. A diferencia de Europa, en México tenemos una enorme inequidad, ofensiva, alarmante, la mitad de la población vive por debajo de la pobreza, al día.

Pensemos en un comerciante de alimentos, en un taquero, en un albañil, esa es la población a la que nos interesa proteger. El balance correcto entre proteger la salud y la vida y proteger a la sociedad, no solo en el presente, sino en meses, en años después, es una delicada tarea.

Para decirlo de una manera dramática, pero que no deja de ser real, quien pierda el trabajo pero esté dentro del empleo formal, cuando se recupere esta recesión, tendrá cierta posibilidad de volver. Pero quien viva al día, no va a tener esa posibilidad en el corto plazo y eso va a crear una disrupción social mayúscula.