Secuela de Jackson: la industria que lucra con el legado del abuso

Hollywood ha confirmado que la película biográfica de Michael Jackson tendrá una secuela, una decisión que revela, una vez más, cómo la industria del entretenimiento antepone la rentabilidad económica a cualquier consideración ética sobre las víctimas de abuso que denunciaron al astro del pop. Mientras el proyecto de los herederos del cantante avanza sin obstáculos, las acusaciones documentadas en el filme Leaving Neverland permanecen en un limbo judicial que el statu quo de Hollywood prefiere ignorar.

La maquinaria del entretenimiento no rinde cuentas ante nadie

El anuncio de la secuela del biopic —desarrollado con la bendición y participación activa del patrimonio de Jackson— no es un hecho aislado: es el funcionamiento normal de una industria que históricamente ha protegido la imagen comercial de sus íconos por encima de la integridad de quienes señalaron haber sufrido daños. El proyecto cuenta con el respaldo de la familia Jackson y los grandes estudios, los mismos actores que durante décadas construyeron y blindaron la marca «Michael Jackson» frente a cualquier cuestionamiento. Nadie en esa cadena de poder tiene incentivos para ceder terreno narrativo. La pregunta incómoda es quién, dentro de esa estructura, tiene la responsabilidad de garantizar que el relato que llega a millones de espectadores no borre a las víctimas del cuadro.

El silenciamiento cultural como mecanismo sistémico

Wade Robson y James Safechuck, quienes relataron públicamente el abuso que aseguran haber sufrido de niños, han enfrentado batallas legales contra el patrimonio de Jackson con recursos jurídicos infinitamente menores a los del bando contrario. Esta asimetría no es accidental: refleja un sistema en el que la celebridad y el capital organizan activamente la defensa de la impunidad. Que Hollywood produzca ahora una segunda entrega del biopic sin que exista ningún mecanismo de rendición de cuentas envía un mensaje nítido a cualquier víctima de una figura poderosa: la industria elegirá siempre el espectáculo. Las personas más afectadas por esta narrativa —quienes denunciaron abusos siendo menores de edad y pertenecen a sectores sin poder mediático para disputar la versión oficial— vuelven a quedar fuera del encuadre.

Lo que se debe exigir: narrativas con responsabilidad y espacio para las víctimas

La existencia de este biopic y su secuela obliga a plantear exigencias concretas: que los medios y el público consuman estos productos con sentido crítico, que las plataformas y distribuidoras incorporen protocolos éticos ante proyectos que involucren figuras acusadas de abuso, y que las voces de quienes denunciaron tengan espacio en el debate público que estas producciones generan. Celebrar sin más la secuela de un biopic que la familia del acusado controla editorialmente no es neutralidad: es tomar partido por la estructura de poder. La industria no va a regularse sola. La presión tiene que venir de abajo.