Benefician con prisión domiciliaria a represor argentino

Miguel Etchecolatz, represor de la última dictadura militar argentina (1976-1983), condenado en varias oportunidades a penas de prisión perpetua por delitos de lesa humanidad, fue beneficiado este miércoles (27.12.2017) con el arresto domiciliario.

La nieta 126 es hija de padres desaparecidos durante la dictadura cívico-militar argentina (1976-83). Las historias íntimas de los desaparecidos arrojan luz sobre las violaciones de derechos humanos en Argentina.

La decisión fue tomada por el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Número 6, que consideró que Etchecolatz, de 88 años, padece problemas de salud que ameritan que cumpla las penas impuestas en una vivienda situada en la ciudad de Mar del Plata, a unos 400 kilómetros al sur de Buenos Aires.

El tribunal, integrado por los jueces José Martínez Sobrino, Julio Luis Panelo y Fernando Canero, aceptó un pedido presentado por la defensa de Etchecolatz, que sostuvo que su cliente presentaba «una situación de progresivo deterioro de su salud y estado clínico general».

Antecedentes

El excomisario, que estuvo a cargo de la Dirección General de Investigaciones de la Policía de la provincia de Buenos Aires entre 1976 y 1978, ha sido condenado en seis juicios, cuatro veces a prisión perpetua, y tiene varios procesos abiertos.

En 2014, durante un juicio oral, Etchecolatz admitió haber asesinado a perseguidos políticos durante el régimen de facto, aunque dijo no recordar «a cuántos».

«Por mi cargo y jerarquía me tocó matar, pero no sé a cuánta gente», declaró.

Entre otros casos reconocidos fue responsable directo de la llamada «Noche de los lápices», en septiembre de 1976, cuando fueron secuestrados y asesinados adolescentes que reclaman la implementación del boleto estudiantil.

En otro juicio, se comprobó que el ex policía era el jefe directo de al menos 21 centros clandestinos de detención en la provincia de Buenos Aires durante la dictadura. Hace 31 años, recibió su primera condena como responsable de haber torturado a 91 personas.

Su sola presencia infundía terror. Al monstruo lo conocimos desde chicos, no es que fue un papá dulce y luego se convirtió. Vivimos muchos años conociendo el horror. Nosotros también fuimos víctimas», declaró este año Mariana, hija de Etchecolatz, en una entrevista con la revista digital «Anfibia».Aun en prisión, Etchecolatz fue señalado por organizaciones defensoras de los derechos humanos por la desaparición, en 2006, de Jorge Julio López, un testigo que había declarado en su contra días antes de ser visto por última vez en la ciudad de La Plata, a unos 50 kilómetros al sur de Buenos Aires.

López tenía previsto concurrir a los tribunales de La Plata para escuchar el veredicto, pero un día antes fue desaparecido. En 2014, mientras esperaba escuchar una nueva condena en su contra, Etchecolatz tenía en sus manos un papel en el que se leyó el nombre de López. El hecho, retratado por un fotógrafo, fue considerado una provocación.

Fuente. 

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