El cambio climático y sus señales físicas que afectan la salud

El pasado 10 de marzo de 2020 la Organización Meteorológica Mundial (OMM) hacía público un informe sobre el estado del clima que arrojaba conclusiones alarmantes. En medio de la preocupación –lógica- por el estallido de la pandemia del coronavirus,  el estudio pasó bastante desapercibido. En el documento se ponen de manifiesto los impactos de los fenómenos meteorológicos y climáticos en el desarrollo socioeconómico, la salud de las personas, las migraciones y desplazamientos, la seguridad alimentaria y los ecosistemas terrestres y marinos.

El año 2019 fue el segundo más cálido del que se tiene registro, y su temperatura media anual superó en 1,1 °C los niveles preindustriales. Todos los indicadores parecen coincidir en que actualmente no estamos bien encaminados para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París de mantener el aumento de temperatura por debajo de 2 °C para finales de este siglo. El año 2019 puso fin a toda una década de temperaturas excepcionalmente elevadas a nivel mundial, una tendencia que continuará en los próximos años. Y es que, apenas llevamos unos meses de 2020, pero algunos ya hablan de “el año que no tuvo invierno”, en referencia a las elevadas temperaturas del mismo. Y las temperaturas solo son una pequeña parte de una realidad muy compleja: la cubierta de hielo y los glaciares se derriten, el nivel del mar aumenta, los océanos se calientan y acidifican con efectos muy nocivos en los ecosistemas. Se producen sequías, inundaciones, olas de calor y otros fenómenos extremos que repercuten en la salud de las personas y llegan a poner en riesgo la seguridad alimentaria.

El cambio climático no es algo futuro, es una realidad palpable con consecuencias reales. En esta galería hemos recopilado algunos de los efectos que, según el informe de la OMM, ya se pueden medir. Pero queremos insistir en algo importante: podemos mitigar el impacto del cambio climático y evitar que la temperatura ascienda tanto como para producir un colapso ambiental. Sabemos cómo hacerlo, y la crisis del coronavirus ha demostrado que es posible implementar medidas drásticas si la situación lo requiere. Mitigar el cambio climático exige muchos menos sacrificios que los realizados en la actual pandemia. De hecho, con la crisis se abre una nueva ventana y oportunidad para rehacer la economía mundial con criterios de sostenibilidad, empleo verde y energías renovables. Con voluntad, aplanar la curva del clima también es posible.

Ingresos hospitalarios por olas de calor / Las temperaturas elevadas afectan negativamente al bienestar de la población y ocasionan un elevado gasto sanitario. Por ejemplo, en Japón, una ola de calor provocó más de cien víctimas mortales y 18 000 ingresos hospitalarios.

Transmisión de enfermedades emergentes / El incremento de temperaturas también se favorece la expansión de virus que habitualmente estaban restringidos a zonas tropicales: por ejemplo, la incidencia mundial del dengue se ha multiplicado en los últimos años, y el riesgo de infección afecta a aproximadamente la mitad de la población mundial.

La hambruna / El clima fluctuante, las sequías y otros fenómenos meteorológicos extremos figuran entre los factores más importantes que ponen en riesgo la seguridad alimentaria en muchas zonas del planeta. En el año 2018 se estima que hubo en el mundo 33 países amenazados por crisis alimentarias. Aunque el clima no es el único responsable – los conflictos, la inestabilidad política y la violencia también tiene mucho que ver-, se estima que en al menos doce de estos países los factores climáticos y meteorológicos fueron las principales causas.

Calentamiento de los océanos / En 2019 la temperatura de los océanos batió un nuevo récord. Se calcula además que, en los últimos veinticinco años, los mares han recibido una cantidad de calor equivalente a 3.600 millones de explosiones de bombas atómicas como la de Hiroshima. El calentamiento de los océanos contribuye a la subida del nivel del mar como consecuencia de la expansión térmica del agua, altera las corrientes oceánicas e incluso llega, de forma indirecta, a modificar la trayectoria de las tormentas.

Incendios forestales / La temporada de incendios de 2019 fue devastadora en muchas partes del planeta: Amazonas, Siberia, Australia… se llegaron a declarar fuegos incluso en algunas partes del Ártico, donde no suelen ser habituales este tipo d fenómenos. Aparte de la destrucción de ecosistemas y del medio de vida de muchas familias, los grandes incendios también ocasionaron víctimas mortales y arrasaron viviendas y otros bienes materiales.