Un informe reciente prevé que México cierre 2026 sin sequía generalizada, gracias a lluvias registradas en distintas regiones.
La noticia es un respiro para agricultores y comunidades rurales, que han enfrentado años de crisis hídrica. Sin embargo, especialistas advierten que la ausencia de sequía no significa que el problema esté resuelto.
La gestión del agua sigue siendo deficiente. La sobreexplotación de acuíferos, la contaminación de ríos y la falta de infraestructura adecuada ponen en riesgo la sostenibilidad del recurso.
El cambio climático añade incertidumbre: fenómenos extremos como huracanes y sequías localizadas pueden alterar cualquier pronóstico.
El reto para México es aprovechar este respiro para invertir en políticas de largo plazo: captación de agua de lluvia, tratamiento de aguas residuales y educación ambiental. Sin ello, el país seguirá vulnerable a crisis futuras.



































