Uno de los mayores retos para cualquier fuerza política en la antesala de un proceso electoral mayor es mantener la cohesión interna, un aspecto en el que Morena Nuevo León parece estar tomando la delantera. La reciente declaración de Felipe de Jesús Cantú, en la que garantizó su respaldo absoluto al alcalde de Escobedo, Andrés Mijes, en caso de que este resulte ganador de las encuestas oficiales, ha sido recibida por la militancia como un golpe de autoridad institucional y un ejemplo de civilidad de cara a los comicios de 2027.
Este posicionamiento de Cantú busca desactivar de forma anticipada las tradicionales fricciones y rupturas que suelen acompañar a las definiciones de candidaturas en los partidos de oposición. Al subordinar las aspiraciones personales al éxito colectivo del movimiento, el exalcalde regiomontano envía una señal clara tanto a sus simpatizantes como a las fuerzas políticas rivales: el objetivo prioritario en Nuevo León es la consolidación del proyecto nacional que encabeza Claudia Sheinbaum. Este compromiso de apoyo mutuo no solo blinda el proceso de selección, sino que proyecta la imagen de un partido maduro, organizado y listo para asumir las riendas del gobierno estatal.
La postura de Cantú también redefine las reglas del juego para el resto de los contendientes, como el senador Waldo Fernández y Clara Luz Flores, estableciendo un estándar de respeto hacia la metodología de encuestas del partido. Al asegurar que no recurrirá a las impugnaciones y que sumará su estructura al proyecto que resulte favorecido por la ciudadanía, Felipe de Jesús Cantú se consolida como un pilar fundamental para la estabilidad de Morena en la entidad. Esta estrategia de unidad integral permite prever que, independientemente del resultado de la convocatoria, el partido llegará al 2027 con un frente sólido y unificado, listo para competir con fuerza en las urnas.



































