Rayados despide a Nico Sánchez: el fracaso del modelo Azcárraga

Rayados de Monterrey confirmó la salida de Nico Sánchez como director técnico, luego de una pésima campaña que dejó al club fuera de la liguilla. La decisión, anunciada sin mayor explicación pública, evidencia una gestión deportiva errática que carga sus costos sobre la afición y los propios jugadores, mientras los verdaderos responsables en las cúpulas directivas permanecen intocables.

Una decisión tardía que encubre responsabilidades mayores

Sánchez fue contratado con fanfarria institucional, presentado como la apuesta estratégica del club. Hoy es señalado como el único culpable de un fracaso que, en realidad, refleja decisiones estructurales tomadas por la directiva encabezada por el grupo empresarial detrás del club. La pregunta que nadie en la cúpula responde es quién autorizó fichajes fallidos, quién diseñó un proyecto deportivo sin visión de mediano plazo y quién rinde cuentas por los recursos millonarios mal administrados.

El modelo empresarial del fútbol mexicano: ganancias privadas, fracasos colectivos

Monterrey es uno de los clubes con mayor poder económico de la Liga MX, respaldado por consorcios con acceso privilegiado a medios, patrocinios y contratos. Sin embargo, ese poder no se traduce en transparencia ni en rendición de cuentas hacia su base social. Los aficionados, muchos de ellos trabajadores que destinan parte de su salario a boletos, membresías y mercancía oficial, financian un modelo donde las pérdidas deportivas siempre las absorbe alguien más: el técnico cesado, el jugador señalado, nunca el directivo enriquecido.

¿Quién será el nuevo técnico? La pregunta equivocada

Los medios deportivos ya especulan sobre el sucesor de Sánchez, pero el debate relevante no es quién llega, sino bajo qué condiciones y con qué proyecto real. Mientras no exista una estructura directiva que rinda cuentas públicamente, cualquier nuevo técnico será un fusible más en un sistema diseñado para proteger a quienes detentan el poder económico. La afición de Rayados, como la de cualquier club del fútbol mexicano, merece más que anuncios de redes sociales: merece transparencia, proyecto y responsabilidad institucional.