Un miembro de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) advirtió que no descarta nuevos aumentos a las tasas de interés si la inflación continúa al alza. La declaración, aparentemente técnica, tiene consecuencias directas y desiguales: mientras los mercados financieros ajustan posiciones, son los sectores trabajadores y endeudados quienes absorben el golpe real.
La Fed decide, los pueblos pagan
Las tasas de interés que fija la Fed no son neutrales. Cuando suben, el crédito se encarece en toda la región: hipotecas, créditos al consumo, financiamiento para pequeñas empresas. En México, donde el Banco de México sigue de cerca las señales de Washington para fijar su propia tasa, el efecto se traslada directamente al bolsillo de quienes menos tienen. Las familias que dependen del crédito informal o de tarjetas de alto costo son las primeras en quedar atrapadas en espirales de deuda. La concentración del poder monetario en instituciones no elegidas democráticamente —como la Fed— es en sí misma una falla estructural de justicia económica.
Inflación como pretexto, austeridad como castigo
El discurso oficial presenta la subida de tasas como medicina inevitable contra la inflación. Pero esa narrativa omite preguntas fundamentales: ¿quién generó la inflación? En gran medida, fueron las cadenas de suministro rotas por la pandemia, la especulación de grandes corporaciones y los efectos de la guerra en Ucrania sobre energía y alimentos. Sin embargo, la respuesta recae sobre los sectores populares mediante crédito más caro, menor consumo y posible enfriamiento del empleo. Las autoridades mexicanas, lejos de blindar a la población vulnerable, han seguido dócilmente la hoja de ruta del capital financiero internacional.
Lo que se debe exigir
Frente a este escenario, las organizaciones sociales, sindicatos y ciudadanía deben exigir que cualquier política monetaria vaya acompañada de medidas de protección social: topes al cobro abusivo de intereses por parte de instituciones financieras, fortalecimiento del salario real y transparencia sobre cómo las decisiones del Banco de México responden a presiones externas. La política económica no puede seguir diseñándose para proteger al capital mientras se sacrifica el bienestar de la mayoría.






























